A primera vista parece un castillo rescatado de otra época. Torres, arcos, almenas, vidrieras y pequeños detalles aparecen unos sobre otros hasta formar una silueta casi fantástica. Sin embargo, el Castillo de Colomares de Benalmádena es mucho más reciente de lo que parece. Y tampoco nació para defender un territorio: fue concebido como un enorme relato construido en piedra dedicado a Cristóbal Colón y al viaje de 1492.

Situado en el entorno de Benalmádena Pueblo y abierto al Mediterráneo, es uno de esos lugares que sorprenden incluso antes de conocer su historia.

 

Un castillo construido a finales del siglo XX

La primera curiosidad rompe todas las expectativas. Colomares comenzó a construirse en 1987 y se terminó en 1994.

Su creador fue el doctor Esteban Martín Martín, que emprendió una obra extraordinariamente personal con la ayuda de dos albañiles. Durante siete años trabajaron artesanalmente con materiales como ladrillo, piedra y cemento hasta levantar un monumento difícil de encajar en una única categoría.

No es exactamente un castillo, ni un museo convencional, ni una recreación histórica. Es un castillo-monumento cuya arquitectura está pensada para contar una historia.

 

Castillo de Colomares

La historia de Colón contada en piedra

Aquí merece la pena mirar despacio. Buena parte de los elementos arquitectónicos tienen un significado relacionado con la expedición que partió de Palos de la Frontera el 3 de agosto de 1492.

Las tres embarcaciones del viaje están representadas en el conjunto. La Niña aparece en la parte alta, bajo el arco de La Rábida. La Pinta ocupa un lugar destacado en la fachada principal y recuerda también el papel de los hermanos Pinzón. La Santa María se representa separada de las otras dos, evocando su naufragio durante la expedición.

También aparecen referencias a los Reyes Católicos, a la fe de los navegantes y a diferentes episodios relacionados con el viaje. Incluso existe un mausoleo simbólico dedicado a Colón y un pequeño oratorio vinculado a San Salvador, nombre que recibió la primera isla a la que llegó la expedición.

 

Una arquitectura hecha para detenerse en los detalles

Una de las razones por las que Colomares resulta tan fotogénico es que cambia completamente según el punto desde el que se observe. Arcos, torres, rosetones, esculturas y elementos decorativos se superponen en un conjunto donde conviven distintas referencias arquitectónicas.

El recorrido invita precisamente a eso: a acercarse, alejarse y buscar los pequeños símbolos escondidos entre las formas del monumento. No hace falta ser experto en arquitectura para disfrutarlo. Parte de su atractivo está en intentar interpretar qué quiere contar cada rincón.

El entorno añade otro elemento importante. Desde esta parte elevada de Benalmádena, el Mediterráneo acompaña a una construcción que precisamente recuerda uno de los grandes viajes marítimos de la historia.

Una visita perfecta para completar Benalmádena Pueblo

Colomares puede integrarse fácilmente en una jornada por la parte alta del municipio. El casco histórico de Benalmádena Pueblo, los Jardines del Muro, la Stupa de la Iluminación, el Mariposario (Monowa) o el Museo Precolombino Felipe Orlando permiten construir un recorrido muy variado sin necesidad de regresar a la costa.

Actualmente, la visita turística a Colomares se realiza por el exterior del monumento. El horario varía según la estación y permanece cerrado los lunes, por lo que conviene comprobarlo antes de organizar la jornada.

Preguntas frecuentes sobre el Castillo de Colomares