La historia de Benalmádena
Benalmádena cuenta con una rica historia que se remonta al menos 21.000 años, cuando los primeros habitantes ocuparon la llamada Cueva del Toro, del Paleolítico Inferior, y desde entonces el territorio ha estado continuamente poblado.
Los territorios que hoy son Benalmádena han visto cómo diferentes poblaciones y civilizaciones se asentaron aquí. En el Neolítico, hace unos 5.000 años, se ocuparon las cuevas de la Serrezuela, y más tarde un asentamiento indígena en el Cerro de la Era mantuvo contacto con colonos fenicios provenientes del Mediterráneo oriental.
En la Edad Antigua, los romanos se establecieron en Benalmádena y explotaron sus recursos naturales mediante dos villas situadas en Torremuelle y en el área costera entre avenida Las Palmeras y Federico García Lorca.
Durante al-Ándalus, en la Edad Media, surgieron los orígenes de Benalmádena Pueblo con los restos de una fortaleza y torres vigías que defendían la costa de ataques provenientes del mar. También se conserva parte del legado industrial de Arroyo de la Miel, que a finales del siglo XVIII albergó una fábrica de papel.
Prehistoria
El patrimonio prehistórico de Benalmádena es muy rico y se concentra principalmente en cuevas. La Cueva del Toro, ubicada en el monte Calamorro, fue descubierta en 1969 y estudiada desde 1971, cuando se hallaron pinturas rupestres como un bóvido acéfalo. Tradicionalmente se ha datado en el Solutrense (hace unos 21.000 años), aunque estudios recientes podrían situar parte de su ocupación en el final del Paleolítico Medio, lo que implicaría una posible autoría neandertal. La cueva funcionó como un lugar de encuentro para comunidades nómadas, favorecido por su proximidad a la costa y a recursos como las conchas.
En el Neolítico, hace unos 5.000 años, se utilizaron diversas cavidades de la Serrezuela, como la Cueva de los Botijos y la Cueva de la Zorrera. Los ajuares hallados (especialmente restos humanos y cerámicos en Botijos) indican un uso funerario y ritual.
El primer asentamiento conocido en Arroyo de la Miel es el Cerro de la Era, situado a 600 metros del mar. Hace unos 2.900 años, en la etapa final de la Edad del Cobre, fue habitado por un grupo indígena descendiente de los constructores megalíticos. En este lugar se documenta la convivencia con los primeros fenicios que llegaron a la zona, lo que llevó a los indígenas a adoptar elementos de su cultura: escritura, uso del torno de alfarero, metalurgia del hierro, conservación de pescado y cultivo y producción de vino.
Benalmádena romana
Tras la victoria de Roma sobre Cartago en la Segunda Guerra Púnica, Hispania pasó a formar parte de la órbita romana desde el siglo II a.C. En Benalmádena, el legado romano se refleja en dos villas costeras: Benalroma y Villa Mauritana.
La Villa de Benalroma, ocupada entre los siglos I y VI d.C., era un asentamiento disperso con una pars urbana lujosa, donde destacaba un euripus, un gran jardín con fuente en cascada, uno de los pocos ejemplos de este tipo en la Península Ibérica. La estructura conducía el agua mediante piletas y canales hasta la playa, creando pequeñas cascadas. A inicios del siglo XXI se localizaron además las termas de la villa, en uso entre los siglos I y III d.C., donde apareció un mosaico geométrico de fondo blanco con nudos de Salomón en teselas negras, anaranjadas y rojas.
En el yacimiento de Los Molinillos se identificó la pars fructuaria de Benalroma: su zona productiva. Durante los siglos I y II d.C. funcionó como fábrica de aceite, y entre los siglos III y V d.C. se transformó en una fábrica de salazones de pescado.

La Villa Mauritana o Villa de Torremuelle se descubrió a mediados del siglo XX durante la construcción de la N-340. Se hallaron grandes estructuras romanas y un mosaico geométrico de teselas blancas, negras y rojas, fechado en el siglo III d.C., que formaría parte de su zona residencial. Sin embargo, estas estructuras se perdieron con las obras de la carretera y edificaciones posteriores.
Hubo que esperar al año 2004, cuando se localizó lo que parece corresponder a la parte industrial de esta villa, para descubrir todo un complejo industrial de salsas y conservas de pescado formada por 19 piletas de salazones, localizadas en el arroyo Lagar estuvo en uso durante el siglo I y II d.C., con una pequeña ensenada que debió funcionar de embarcadero, quizás en relación con el trasporte de productos elaborados en la villa, como el garum y otros derivados de la pesca.
Época musulmana
Durante la época musulmana surge el topónimo Benalmádena, derivado del árabe Ibn-al-Madena, “Hijos de las Minas”, en referencia a los yacimientos de hierro explotados desde tiempos prerromanos. En este periodo la población comenzó a asentarse en torno a la actual Benalmádena Pueblo, aunque el estudio histórico es difícil por la escasez de datos arqueológicos.
La fortificación del núcleo de Benalmádena Pueblo probablemente se realizó en época almohade, a mediados del siglo XII, aprovechando su posición estratégica desde la que se controlaba la costa y los caminos hacia Mijas y Málaga. Se trataba de una villa formada por una fortaleza y un arrabal amurallado con almenas y saeteras. Más tarde, los monarcas nazaríes desarrollaron un sistema defensivo costero basado en torres vigía, de las cuales en Benalmádena se conservan dos de origen musulmán: Torre Quebrada y Torre Bermeja.
En este contexto nació en 1197 uno de los personajes más destacados vinculados a Benalmádena, Ibn al-Baytar, “el hijo del veterinario”, considerado un pionero de la botánica por aplicar la observación directa como método científico para estudiar las propiedades medicinales de las plantas. Aunque no hay certeza absoluta de su lugar de nacimiento, sí se sabe que pasó su infancia en Benalmádena. Tras viajar extensamente por Oriente, llegó a ser jefe de los herboristas del sultán de Egipto y continuó realizando expediciones científicas hasta su muerte en Damasco a mediados del siglo XIII.
Cristiana siglos XV-XVII
La reconquista de Benalmádena por las tropas cristianas estuvo marcada por conflictos y reconstrucciones. En 1485, las fuerzas de Fernando el Católico destruyeron la alcazaba, lo que provocó que la zona quedara insegura e inhabitable, llevando a parte de la población a refugiarse en Málaga.
En 1491, los Reyes Católicos encargaron al escribano Alonso Palmero repoblar Benalmádena con 30 familias cristianas, otorgándole el cargo de alcalde bajo la condición de defender la villa y reparar la fortaleza. Sin embargo, la repoblación fracasó principalmente por la inseguridad costera, con frecuentes ataques de berberiscos y piratas. Para mejorar la defensa, los reyes restauraron las antiguas torres nazaríes de Torre Bermeja y Torre Quebrada y construyeron nuevas, como la Torre del Muelle, levantada a inicios del siglo XVI, que servía para alertar de incursiones enemigas.
A mediados del siglo XVI, los ataques piratas disminuyeron y la población pudo asentarse, iniciándose un periodo próspero basado en una economía agraria, especialmente en la producción de pasas. Durante el siglo XVII, pese a epidemias, sequías y desastres naturales, Benalmádena permaneció habitada y continuó centrada en la agricultura.
Siglos XVIII y XIX: el complejo papelero de San Carlos
A finales del siglo XVIII, las políticas económicas ilustradas de Carlos III propiciaron la llegada de Félix Solesio, un genovés experto en la fabricación de papel que transformaría la vida económica y social de Benalmádena. Llegó a Málaga por encargo de la familia Gálvez, promotora de la industria en la provincia y fundadora de la Real Fábrica de Naipes de Macharaviaya, que buscaba mejorar la producción de papel para sus barajas.
Solesio necesitaba un lugar con abundante agua para instalar los batanes de papel y lo encontró en Arroyo de la Miel, donde existía un importante manantial conocido como “el Cao”. En 1784 adquirió el cortijo de Arroyo de la Miel y construyó el Complejo Papelero de San Carlos, equipado con seis batanes —cuatro para papel blanco y dos para estraza—, además de un acueducto para canalizar el agua, viviendas para los trabajadores y tierras de cultivo.
A pesar de su ambicioso proyecto y de casi dos décadas de esfuerzo, Solesio no pudo sostener el complejo debido a dificultades económicas derivadas de problemas comerciales, lo que finalmente le obligó a abandonar el negocio del papel.
Siglo XX: el renacer de Benalmádena con el turismo
En la década de 1950 comenzaron a valorarse las posibilidades turísticas de la Costa del Sol, y algunos inversores adquirieron terrenos para construir los primeros hoteles. Entre finales de los 50 y principios de los 60 se levantaron hoteles como Riviera, Siroco, Tritón y Alay, posicionando a Benalmádena en el turismo nacional e internacional.

El municipio apostó por mejorar sus infraestructuras, destacando la creación de un puerto deportivo que potenciara la relación histórica con el mar. En 1982 se inauguró Puerto Marina, que hoy es uno de los entornos más atractivos para deportes y ocio marítimos de la Costa del Sol.
A principios de los años 70, Benalmádena fue declarada “Villa de interés turístico” e inauguró en mayo de 1972 el parque de atracciones Tívoli World, diseñado por la familia danesa Olsen con apoyo institucional. El parque, de 60.000 m², contaba con atracciones, teatros, restaurantes, jardines con fuentes, lago artificial y arroyos. Aunque se esperaba atraer principalmente turismo extranjero, el parque se convirtió en un destino de referencia para el turismo nacional y local, destacando sus espectáculos al aire libre con capacidad para 2.200 personas. Grandes artistas actuaron en Tívoli, entre ellos Joséphine Baker, James Brown, Julio Iglesias, Miguel Bosé, Joan Manuel Serrat, Rocío Jurado, Isabel Pantoja, Montserrat Caballé, Lola Flores, Mecano y Alejandro Sanz, consolidando al parque como primer promotor de conciertos de la Costa del Sol.
Durante estos años, Arroyo de la Miel desarrolló las primeras infraestructuras urbanas actuales, mientras que Benalmádena Pueblo vio la construcción de la nueva Casa Consistorial, el Museo Arqueológico Municipal y la instalación en la plaza de España de la estatua de la “Niña de Benalmádena”, obra de Jaime Pimentel. Esta estatua fue premio de la recién creada Semana Internacional de Cine de Autor de Benalmádena (SICAB), que rápidamente se convirtió en uno de los festivales de cine de referencia en Europa.
La historia de un descubrimiento
En 1961 se halló en la playa de Torrequebrada una escultura de mármol blanco de 1,50 m que representaba a Dionysos y que inicialmente se creyó romana. Ese mismo año se exploró el fondo marino del lugar del hallazgo y se comprobó que procedía de un barco de época contemporánea. Años después, el grupo de submarinistas Los Delfines de Benalmádena recuperó otra estatua de 1,50 m, esta vez de Diana, muy similar en estilo, material y composición a la de Dionysos, lo que confirmó que ambas eran obras neoclásicas del siglo XIX realizadas en el mismo taller.
En 1982 aparecieron más esculturas de mármol cerca del pecio: un Apolo y el busto de una joven. La investigación concluyó al identificarse el navío como el brig-barc inglés Isabella, hundido en 1855 durante un temporal mientras viajaba de Génova a Calcuta con un cargamento de esculturas destinadas a decorar una villa.